Detrás de muchos creadores de contenido que logran transformar su presencia digital en una profesión existe un trabajo estratégico que el público no siempre ve. El manager de influencers conecta creatividad, planificación, marcas, audiencias y oportunidades comerciales. En una entrevista realizada en ISEC, Jessi Jalife compartió su experiencia en la industria, explicó qué necesita un creador para destacarse y reflexionó sobre la importancia de la formación en un mercado que cambia constantemente.
05/08/2026
Las redes sociales permitieron que miles de personas comenzaran a producir contenidos, construir comunidades y desarrollar una identidad pública. Sin embargo, tener seguidores o publicar con frecuencia no alcanza necesariamente para consolidar una carrera.
Para Jessi Jalife, uno de los primeros desafíos consiste en responder una pregunta fundamental: ¿qué diferencia a ese creador, proyecto o marca de todos los demás?
Tenés que ver cuál es tu diferencial, porque si no sos uno más del montón.
Ese diferencial puede estar en la calidad del contenido, en la estética, en el tono, en el vínculo con la comunidad, en la especialización temática o en la manera de presentar un producto. Lo importante es identificarlo y trabajarlo de forma consistente.
El trabajo de un manager de influencers va mucho más allá de conseguir campañas publicitarias.
Su función puede incluir el desarrollo de una estrategia profesional, la búsqueda de oportunidades, la negociación con marcas, la organización de proyectos y la construcción de una identidad coherente para el talento.
En muchos casos, el creador se concentra en generar ideas y contenidos, mientras que el manager ayuda a convertir ese potencial creativo en un proyecto sostenible.
La carrera de Jessi Jalife se desarrolló precisamente en ese punto de encuentro entre creatividad y negocio. Su formación de base está vinculada con la comunicación audiovisual y con el análisis de los medios tradicionales.
A partir de esas herramientas, comenzó a trabajar en la industria de los influencers, un sector que todavía estaba construyendo sus modelos profesionales y comerciales.
Me llevé todas esas herramientas a la industria en la que me muevo como pez en el agua: la industria de los influencers.
Su experiencia demuestra que las competencias adquiridas en comunicación pueden trasladarse a espacios que quizás ni siquiera existían cuando una persona comenzó a estudiar.
La industria de los influencers no nació aislada. Retoma muchos conocimientos propios de la televisión, la publicidad, la producción audiovisual, las relaciones públicas y el marketing.
Comprender cómo se construye una audiencia, cómo se cuenta una historia, cómo se produce una pieza audiovisual o cómo se presenta una propuesta comercial sigue siendo relevante, aunque cambien las plataformas.
La diferencia es que, en el entorno digital, muchas de esas funciones convergen en una misma persona o en equipos más pequeños.
Un creador puede ser al mismo tiempo:
El manager acompaña ese proceso y ayuda a ordenar sus distintas dimensiones.
Uno de los casos más importantes de la trayectoria de Jessi Jalife fue su trabajo junto a Santiago Maratea.
Según explicó, ambos construyeron una metodología en la que cada uno aportaba desde su principal fortaleza.
Él aportaba todo lo que tenía que ver con las ideas y yo aportaba la materialización y la comercialización de esas ideas.
Esta división de funciones permitió convertir los videos y proyectos en una actividad profesional capaz de generar ingresos y sostenerse en el tiempo.
El caso muestra que una idea creativa no se transforma automáticamente en una carrera. Necesita planificación, producción, acuerdos comerciales y una estrategia que permita vincular el contenido con marcas, organizaciones y audiencias.
También revela la importancia de que el manager no intente reemplazar la identidad del creador. Su trabajo consiste en desarrollar estructuras que permitan que esa identidad crezca sin perder autenticidad.
Luego de sus primeras experiencias como manager, Jessi amplió su trabajo hacia otros creadores y participó en la construcción de una agencia dedicada a talentos y proyectos de comunicación digital.
Actualmente, Jalife Brothers trabaja con un equipo joven y desarrolla proyectos tanto en Argentina como en otros mercados.
Uno de los principales diferenciales de la agencia, según explicó, es no aplicar una misma fórmula a todos sus clientes.
Trabajamos cada proyecto como un traje a medida.
Esta idea es central en una industria donde muchas veces se busca copiar estrategias que funcionaron para otros.
Un contenido exitoso, una estética viral o una campaña efectiva no necesariamente pueden replicarse de la misma manera en cualquier cuenta. Cada creador tiene una personalidad, una audiencia, unos objetivos y un recorrido diferentes.
Por eso, una estrategia profesional debe partir del análisis de cada caso.
En un entorno saturado de publicaciones, afirmar que una persona crea contenido ya no explica demasiado.
Miles de usuarios graban videos, hacen transmisiones, publican fotografías y opinan sobre los mismos temas. La diferencia aparece cuando existe una propuesta reconocible.
Ese diferencial puede construirse a partir de distintos elementos:
Dos personas pueden hablar sobre moda, deportes, música o entretenimiento, pero hacerlo desde perspectivas completamente distintas.
Los colores, la edición, el ritmo, la música y la composición visual pueden contribuir a que un contenido sea identificable incluso antes de ver quién lo publicó.
Algunos creadores se destacan por su cercanía, otros por su capacidad pedagógica, su humor, su profundidad o su habilidad para generar conversación.
La especialización puede convertirse en una ventaja. No todos los creadores necesitan dirigirse a audiencias masivas: una comunidad más pequeña, pero altamente interesada, también puede tener mucho valor.
La diferencia puede estar en la producción, la investigación, la claridad del mensaje o el cuidado de cada detalle.
Identificar ese atributo no es suficiente. También es necesario sostenerlo y mejorarlo con el tiempo.
Hay que buscar cuál es ese diferencial y trabajar muchísimo sobre eso.
El crecimiento de la industria generó nuevas oportunidades, pero también nuevas exigencias.
Las marcas ya no buscan únicamente cuentas con muchos seguidores. Evalúan el perfil de la audiencia, la calidad de los contenidos, la credibilidad del creador, su comportamiento público y la capacidad de cumplir con una propuesta profesional.
Un influencer debe comprender que una campaña implica responsabilidades concretas:
El manager ayuda a ordenar estas condiciones, negociar acuerdos y evitar que el creador deba resolver solo cuestiones comerciales, administrativas y contractuales.
Durante la entrevista, Jessi destacó el peso de Instagram y el crecimiento de TikTok dentro de la industria.
Instagram continúa siendo una plataforma central para la inversión publicitaria de muchas marcas, especialmente por sus herramientas comerciales, sus formatos y su grado de integración con las estrategias de marketing.
TikTok, por su parte, se convirtió en un espacio fundamental para descubrir tendencias, alcanzar nuevas audiencias y desarrollar lenguajes más espontáneos.
Sin embargo, el escenario digital cambia con rapidez. Por eso, basar toda una carrera en una única red puede ser riesgoso.
Una estrategia más sólida consiste en construir una identidad que pueda adaptarse a distintas plataformas. El creador debería pensar qué valor ofrece y luego decidir cómo traducirlo a videos breves, historias, transmisiones en vivo, publicaciones extensas, podcasts o nuevos formatos.
Las plataformas cambian. El diferencial, la comunidad y la capacidad de comunicar son activos más duraderos.
Jessi también destacó que gran parte del equipo de su agencia está integrado por personas jóvenes, especialmente centennials.
En comunicación digital, crecer utilizando redes sociales puede aportar un conocimiento intuitivo sobre códigos, tendencias y hábitos de consumo.
Pero pertenecer a una generación digital no garantiza automáticamente una mirada estratégica.
La experiencia cotidiana con las plataformas necesita complementarse con conocimientos de comunicación, marketing, producción, análisis de audiencias y gestión de proyectos.
El verdadero valor aparece cuando la comprensión cultural de las redes se combina con una metodología profesional.
Uno de los errores más frecuentes dentro del marketing de influencers es seleccionar talentos únicamente por la cantidad de seguidores.
Una campaña puede fracasar aunque participe una figura reconocida si no existe afinidad entre el creador, la marca, el producto y la audiencia.
Trabajar "a medida" implica analizar:
También requiere respetar el lenguaje de cada influencer. Cuando una colaboración parece demasiado forzada o alejada de sus contenidos habituales, la audiencia suele detectarlo rápidamente.
La mejor campaña no siempre es la más producida, sino aquella en la que la integración entre marca y creador resulta coherente.
La velocidad con la que aparecen nuevas plataformas puede generar la sensación de que la formación académica queda rápidamente desactualizada.
Jessi plantea una mirada diferente.
De todo lo que estudiás, nunca sabés qué es lo que más te va a servir en el próximo paso que quieras dar.
Una materia, una experiencia grupal o un conocimiento que parece lejano al objetivo inmediato puede convertirse años después en una herramienta decisiva.
La formación no debería limitarse al aprendizaje de una plataforma específica. También debe aportar criterios para analizar audiencias, construir mensajes, trabajar en equipo, desarrollar ideas y adaptarse a nuevos escenarios.
Aprender a utilizar una aplicación puede ser útil. Comprender por qué una historia conecta con una audiencia permite adaptarse cuando esa aplicación deja de ser relevante.
En un contexto marcado por la hiperconectividad, Jessi reivindica el valor del aula como un espacio de concentración, conversación y encuentro con otros.
Está buenísimo el espacio del aula, de la desconexión de la tecnología y de la conexión con el saber.
Su visión del aprendizaje no es vertical. No considera que el docente sea la única persona que posee conocimientos y que el alumno deba limitarse a recibirlos.
En campos tan dinámicos como la comunicación digital, los estudiantes también aportan experiencias, consumos, lenguajes y conocimientos que pueden enriquecer a todo el grupo.
El alumno muchas veces le puede enseñar igual o más al docente que el docente al alumno.
Esta lógica colaborativa resulta especialmente valiosa en una industria donde las tendencias surgen de manera descentralizada y donde ninguna persona puede conocer por sí sola todos los formatos, comunidades y transformaciones.
No existe un único recorrido para ingresar a esta industria, pero algunas capacidades resultan especialmente importantes:
Permite construir mensajes claros, interpretar públicos y comprender cómo se relacionan los contenidos con la cultura.
El manager necesita evaluar oportunidades, negociar condiciones y desarrollar propuestas beneficiosas para el talento y para la marca.
Trabajar con campañas, grabaciones, viajes, contratos y entregas exige planificación y seguimiento.
No alcanza con detectar qué está de moda. También es necesario interpretar por qué funciona y decidir si resulta adecuado para cada proyecto.
El trabajo implica acompañar personas, gestionar expectativas, resolver conflictos y construir relaciones de confianza.
Las plataformas, los formatos y los modelos de negocio cambian permanentemente. La capacidad de aprender es tan importante como los conocimientos ya adquiridos.
La entrevista con Jessi Jalife permite comprender que el trabajo con influencers no consiste simplemente en publicar contenido o conectar creadores con marcas.
Se trata de una industria donde conviven la creatividad, la producción, el marketing, la negociación, el análisis de audiencias y la gestión de talentos.
Los proyectos que logran sostenerse son aquellos que desarrollan una identidad clara, comprenden qué los diferencia y construyen una estrategia alrededor de ese valor.
Para quienes desean trabajar en comunicación digital, management de talentos o creación de contenidos, el desafío no es perseguir cada tendencia. Es aprender a interpretar los cambios, entender a las audiencias y transformar ideas en proyectos profesionales.
En carreras como Comunicación Digital, Comunicación y Marketing Digital, Publicidad o Producción para Medios Audiovisuales, los estudiantes pueden desarrollar herramientas para pensar contenidos, diseñar estrategias y trabajar con los nuevos protagonistas de la industria.
Porque en un escenario donde cualquiera puede publicar, el verdadero diferencial está en saber qué comunicar, para quién hacerlo y cómo convertir esa propuesta en una identidad reconocible y sostenible.