Vanesa Pellizeri, manager de talentos con más de 20 años de trayectoria, compartió con estudiantes de ISEC las claves del negocio de la representación digital: cómo se arma una campaña con una marca, qué métricas importan de verdad y qué errores evitar al empezar en la industria.
16/07/2026
La industria del entretenimiento cambió de raíz en la última década: donde antes había actores, conductores y periodistas, hoy conviven streamers, creadores de contenido y celebridades de toda la vida bajo una misma estructura de representación. Para entender cómo funciona ese negocio por dentro, nada mejor que la mirada de alguien que lo vive hace más de 20 años. Vanesa Pellizeri, manager de talentos y fundadora de su propia agencia (BPM Management) hace 10 años, compartió con estudiantes de ISEC las claves de un oficio que todavía muchos confunden con "ser influencer".
Pellizeri es tajante con la terminología: prefiere hablar de talentos antes que de influencers, un término que considera demasiado amplio y bastardeado. "Cualquiera que sube algo a una red social dice ser influencer", señala, pero el trabajo real —el de quienes viven de eso— implica un equipo detrás: asistentes, guionistas, camarógrafos, editores. Es un oficio profesional, con estructura, no una casualidad viral.
Su trayectoria empezó en prensa y comunicación —es periodista de formación— y siempre estuvo ligada al mundo del espectáculo, en especial al teatro. Cuando surgieron las redes sociales se formó en marketing digital y decidió representar a personas que combinaran talento artístico real con presencia digital, no cualquier cuenta con seguidores. Su primer caso fue Sofi Morandi, hace una década. Hoy representa a alrededor de 65 talentos, entre ellos Santiago Talledo, Momi Giardina, Juli Castro, Lucas Espadafora y Yanina Latorre.
El proceso que describe Pellizeri es metódico. Una marca o agencia envía un brief; el equipo lo analiza y recomienda qué talento encaja (y cuál no) según el tono del producto y el estilo de esa persona. Después se negocia el valor económico, se produce el contenido, se ajusta si hace falta y, una vez publicado, se entregan las métricas de la campaña. El circuito no termina con la publicación: cerrar con datos concretos es parte del servicio.
A la hora de incorporar representados, Pellizeri dice que rechaza más propuestas de las que acepta. No busca cantidad sino compromiso: prioriza a quienes tienen pasión genuina por lo que hacen por sobre quienes solo buscan notoriedad, y valora la versatilidad —que alguien pueda actuar, conducir o crear contenido según lo que surja—. La capacitación también entra en la ecuación: si un talento quiere sumar actuación sin experiencia previa, el consejo es formarse antes de dar el salto.
Uno de los puntos más concretos de la charla fue el de las métricas, un tema que suele generar resistencia entre quienes recién empiezan. Según Pellizeri, la cantidad de seguidores es el dato menos relevante. Lo que de verdad mide el éxito de una cuenta es la tasa de interacción: si es menor al 10% de los seguidores, hay un problema. Además, es fácil detectar seguidores comprados versus reales, y las marcas suelen usar códigos de descuento o links trackeados para medir cuántos clics genera un talento, más allá de si esas visitas terminan en venta o no.
Consultada sobre qué plataforma rinde mejor, la respuesta fue clara: para vender, Instagram sigue liderando; como plataforma integral, YouTube es la más completa; y TikTok es la mejor opción para viralizar contenido y llegar a audiencias más jóvenes. Cada red cumple una función distinta dentro de una misma estrategia y ninguna reemplaza a la otra.
La tendencia que atraviesa toda la charla es la autenticidad. El público de hoy se cansa de la publicidad explícita y responde mejor a contenido que se siente genuino: mostrar el detrás de escena, los camarines, un casting al que no se llegó, una rutina en pijama. Pellizeri pone como ejemplo a Yanina Latorre, que a sus más de 50 años entendió a la perfección a quién le habla y cómo, algo que —dice— pocos talentos logran independientemente de su edad o su cantidad de seguidores.
Para estudiantes y profesionales que buscan insertarse en este rubro, los consejos fueron concretos: nunca trabajar gratis, ni siquiera en una pasantía (los viáticos, como mínimo, deben cubrirse); mantener el perfil de LinkedIn actualizado y mostrar activamente lo que se sabe hacer; y no esperar a que el trabajo llegue solo, sino salir a ofrecer valor concreto a empresas y agencias, incluyendo a las startups, que según su experiencia necesitan marketing de forma constante. También destacó la importancia de armar equipos complementarios: alguien con background corporativo aporta una mirada distinta a alguien más creativo, y las habilidades de organización o automatización (como armar planillas o formularios de datos para castings) son tan valiosas como las artísticas.
El trabajo también tiene su costado más duro. Pellizeri contó que su agencia sufrió una estafa de una marca que desapareció sin pagar tras una campaña con diez talentos, lo que llevó a establecer una regla fija: ninguna acción se realiza sin contrato de por medio, sin importar si se trata de una sola historia de Instagram. Sobre los hackeos de cuentas —algo que también vivieron de cerca, incluida Yanina Latorre— recomienda mantener contacto directo con Meta para la recuperación y, para perfiles públicos, tener siempre una cuenta secundaria de respaldo, ya que el shadow ban y los bloqueos por moderación automática rara vez tienen una solución rápida.
Respecto a la cancelación, la recomienda gestionar con perfil bajo: bajar el volumen por un tiempo y, si se decide volver, hacerlo con un pedido de disculpas genuino. Las marcas, advierte, suelen soltarle la mano a quien queda envuelto en polémica, y evitar la política y exponer en exceso la vida privada son, para ella, dos reglas casi innegociables para cualquier talento público.
Más allá de las herramientas y las plataformas, que cambian todo el tiempo, el eje que atraviesa toda la charla es el mismo: profesionalismo. Contestar el teléfono, cumplir con lo pactado, cuidar la relación con las marcas y no regalar el propio trabajo son, según Pellizeri, los factores que realmente diferencian a quien logra construir una carrera sostenible en la industria del entretenimiento digital de quien se queda en el camino.