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Actuación

Rodrigo Pedreira: de descubrir la actuación a construir una carrera profesional

La vocación artística no siempre aparece como una certeza desde la infancia. A veces se manifiesta en pequeños juegos, intereses o impulsos que recién cobran sentido con el paso del tiempo. En una entrevista realizada en ISEC, el actor Rodrigo Pedreira repasó sus comienzos, su experiencia en teatro y televisión, el impacto internacional de Violetta y los aprendizajes que hoy busca transmitirles a sus alumnos.

03/08/2026

Rodrigo Pedreira, actor y docente de Actuación en ISEC

Rodrigo Pedreira creció en una familia de médicos, en un entorno en el que el arte era entendido principalmente como una actividad recreativa. Por eso, aunque desde chico disfrutaba bailar, actuar, pintar, hacer títeres y preparar escenas familiares, durante muchos años no imaginó que esas inquietudes podían convertirse en una profesión.

El arte siempre estaba, pero en mi casa era visto como algo de otros, como un hobby.

Su recorrido demuestra que descubrir una vocación no siempre consiste en elegir un camino de manera repentina. En muchos casos, implica reconocer señales que ya estaban presentes y animarse a darles un lugar.

El primer paso: animarse a estudiar actuación

El impulso definitivo llegó cuando el novio de una amiga le sugirió que comenzara a estudiar actuación. En un primer momento, Rodrigo no se animaba. Finalmente se inscribió en un curso de un centro cultural que podía pagar con su propio dinero, porque todavía no quería pedirles apoyo económico a sus padres.

Allí conoció a uno de sus primeros profesores, un docente tartamudo que, al subir al escenario, demostraba un absoluto dominio de su voz y de su cuerpo.

Arriba del escenario no tartamudeaba nada. Tenía un control de su herramienta, una intensidad y una verdad.

Ese encuentro le permitió entender algo esencial del trabajo actoral: actuar no depende únicamente de condiciones naturales. También requiere formación, entrenamiento y conocimiento de las herramientas expresivas.

A partir de esa experiencia comenzó a acercarse cada vez más a la profesión. La actuación dejó de ser una curiosidad y empezó a ocupar un lugar central en su vida.

Del mandato familiar a una elección propia

Mientras daba sus primeros pasos en el teatro, Rodrigo estudiaba Diseño de Indumentaria. Con el tiempo comprendió que esa elección estaba relacionada, en parte, con la necesidad de seguir un camino que se percibiera como más convencional o seguro.

Sin embargo, el mundo de la actuación comenzó a atraerlo cada vez más.

Yo creo que esta profesión me fue chupando a mí. Lo único que hice fue anotarme, pero después me fue llevando.

El proceso también modificó la mirada de su familia. Su padre, que inicialmente consideraba la actuación un hobby, fue a verlo en una presentación y reconoció que tenía talento.

Ese reconocimiento resultó importante, pero no reemplazó la decisión personal de formarse y comprometerse con la profesión. La vocación comenzó a consolidarse a medida que conocía nuevos docentes, compañeros, disciplinas y posibilidades laborales.

Rodrigo Pedreira durante una entrevista en ISEC

El primer casting y la experiencia del teatro independiente

Su primer casting fue para una versión independiente de Romeo y Julieta, dirigida por Óscar Sucre. Rodrigo quedó seleccionado para interpretar a Benvolio.

La producción contaba con muy pocos recursos. Incluso recuerda que Romeo utilizaba unas pantuflas adaptadas para que parecieran parte del vestuario de época. Sin embargo, nada de eso disminuía el entusiasmo del elenco.

Yo era feliz. Había quedado elegido y era mi primer acercamiento al teatro.

Poco después participó en Aguafuertes porteñas, basada en la obra de Roberto Arlt. Las funciones se realizaban los viernes en la Manzana de las Luces y esa experiencia le permitió empezar a conocer el oficio desde adentro: compartir el camarín, sostener una función, trabajar con compañeros y relacionarse con el público.

Ese primer contacto con la práctica teatral fue determinante.

Ahí empecé a aprender el oficio del actor y eso me empezó a apasionar.

Más adelante ingresó al conservatorio y estudió en el entonces IUNA —actual Universidad Nacional de las Artes—, donde amplió su formación y comenzó a comprender cómo funcionaba profesionalmente el sector.

Descubrió que, además de estudiar actuación, era necesario aprender a presentarse a castings, relacionarse con representantes, conocer distintos medios y comprender las dinámicas específicas del teatro, la televisión y el cine.

¿Cómo elige un actor sus proyectos?

Con los años, la elección de un proyecto se vuelve más compleja. No depende de un solo factor, sino del momento profesional y personal que atraviesa cada intérprete.

Rodrigo reconoce que el aspecto económico importa porque la actuación es su trabajo y debe permitirle sostenerse. Sin embargo, no es el único criterio.

Al momento de aceptar una propuesta, evalúa especialmente tres elementos:

  • Que el personaje le resulte atractivo.
  • Que el trabajo represente un desafío.
  • Que exista libertad para proponer y construir.

Por eso puede aceptar una obra independiente con una remuneración limitada si encuentra un personaje valioso, una dirección que admira o un proyecto que considera artísticamente potente.

En una oportunidad participó de una producción cooperativa sin recibir un salario fijo. El desafío del personaje y la calidad de la experiencia hicieron que la decisión valiera la pena. Además, aquel trabajo generó posteriormente nuevas oportunidades profesionales.

Fue una de las mejores cosas que hice y, gracias a ese personaje, me llamaron para muchos otros proyectos.

La experiencia contradice la idea de que el valor de un trabajo artístico puede medirse únicamente por su presupuesto o visibilidad. Un proyecto pequeño también puede representar un punto de inflexión cuando permite aprender, mostrar nuevas capacidades o construir vínculos profesionales.

Rodrigo Pedreira en una clase con estudiantes de Actuación de ISEC

Aprender a decir que no

Construir una carrera también implica rechazar propuestas.

Rodrigo contó que fue convocado para audicionar en una producción de Pretty Woman, pero el personaje ofrecido no despertaba su interés. Aunque se trataba de un trabajo remunerado, decidió no avanzar.

La elección no estuvo relacionada con una falta de respeto hacia el proyecto, sino con la necesidad de cuidar el rumbo de su carrera.

Llega un punto en el que también tenés tus ambiciones, tus deseos y tus ganas. Pensás: 'Ya me merezco otra cosa'.

Decir que no le permitió dedicar más energía a sus clases y a otros proyectos personales. Su reflexión resulta especialmente relevante para quienes comienzan una carrera artística y creen que deben aceptar cualquier oportunidad.

Al principio, participar, probar y adquirir experiencia puede ser fundamental. Con el tiempo, sin embargo, también es necesario aprender a distinguir qué trabajos aportan al crecimiento profesional y cuáles pueden alejar al intérprete de sus objetivos.

La actuación como proceso de aprendizaje

Elegir una profesión por vocación no significa disfrutar de cada momento.

Rodrigo señala que algunos proyectos resultan más gratificantes que otros y que todas las carreras atraviesan etapas de frustración, incomodidad o incertidumbre. El punto de alerta aparece cuando una actividad genera un malestar permanente y profundo.

Si lo que estás haciendo no te deja dormir, te angustia o te hace mal, tenés que replanteártelo.

Pero cuando la persona siente que está dentro del camino que la apasiona, incluso las experiencias difíciles pueden transformarse en aprendizaje.

El desafío consiste en desarrollar herramientas emocionales para revisar lo vivido, reconocer errores y aprovechar cada experiencia como parte de la formación.

Violetta: un fenómeno que trascendió la televisión

Uno de los momentos más importantes de su carrera llegó con Violetta, la serie juvenil de Disney que alcanzó una enorme repercusión internacional.

Rodrigo define la producción como un "hito cultural" que marcó a una generación y abrió nuevas oportunidades para quienes participaron en ella.

Lo particular es que el elenco grabó la primera temporada sin conocer el impacto que tendría la serie. Durante ocho meses trabajaron sin que los capítulos estuvieran todavía al aire.

Su personaje se fue construyendo en un clima creativo y divertido. Los técnicos, actores y directores celebraban sus intervenciones, y Rodrigo comenzó a ganar libertad para proponer movimientos, gestos y formas de interpretar las escenas.

Me daban libertad para trabajar. Yo proponía mucho y se había generado una confianza mutua.

Esa relación entre preparación y libertad creativa es central en la actuación. La improvisación profesional no consiste simplemente en hacer algo espontáneo, sino en realizar propuestas coherentes con el personaje, la historia y el tono de la producción.

Rodrigo Pedreira en una escena de producción televisiva

Cuando un personaje se convierte en parte de la infancia de una generación

El verdadero alcance de Violetta se hizo evidente cuando la serie comenzó a emitirse en otros países.

Durante una estadía en Madrid, Rodrigo empezó a ser reconocido en la calle. Más tarde le ocurrió lo mismo en Francia e Italia.

La experiencia de la fama resultaba extraña: personas que él nunca había visto conocían a su personaje, recordaban escenas y sentían que había formado parte de su infancia.

Es muy loco dejar una huella a ese nivel en una persona. Yo no te conozco, pero vos sí me conocés a mí.

Lejos de considerar ese reconocimiento únicamente como un beneficio, lo interpreta como una responsabilidad. Comprende que muchos jóvenes construyeron un vínculo afectivo con su trabajo y que ese recuerdo continúa presente más de una década después.

Actualmente, esa experiencia también influye en su manera de enseñar. Muchos de sus alumnos crecieron viéndolo en televisión y se acercan a sus clases con una admiración previa.

Para Rodrigo, el desafío consiste en transformar esa admiración en una experiencia formativa concreta.

La importancia de la continuidad laboral

La continuidad es uno de los mayores desafíos de la profesión actoral.

A diferencia de otros trabajos, la actividad suele organizarse por proyectos. Una obra, una película o una serie tienen una duración determinada y, una vez finalizadas, comienza nuevamente la búsqueda.

Rodrigo reconoce que ha tenido la fortuna de trabajar de manera sostenida durante muchos años, incluso antes del éxito de Violetta. Su trayectoria en el teatro ya le había permitido construir un nombre y acceder a nuevas propuestas.

Sin embargo, sabe que la continuidad no está garantizada.

Son profesiones en las que tener continuidad laboral es complicado.

Por eso decidió desarrollar también un proyecto propio relacionado con la enseñanza. Dar clases no funciona solamente como una alternativa laboral, sino como una nueva manera de vincularse con la actuación y compartir lo aprendido.

Enseñar también es parte de una carrera artística

Con el paso del tiempo, la docencia comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en su vida profesional.

Rodrigo valora especialmente que antiguos alumnos recuerden un consejo, una devolución o una clase que les resultó significativa.

Que un alumno me agradezca un consejo o recuerde algo que le dije es lo que más me reconforta.

La enseñanza le permite transmitir conocimientos técnicos, pero también acompañar los procesos personales que atraviesan quienes eligen una profesión artística.

Un docente de actuación no solamente ayuda a mejorar una escena. También puede orientar al estudiante frente a los castings, la exposición, el rechazo, la competencia y la incertidumbre laboral.

Formarse para construir una identidad propia

La trayectoria de Rodrigo Pedreira muestra que la carrera de un actor no se construye a partir de un único éxito.

Violetta amplió su reconocimiento internacional, pero antes hubo años de formación, teatro independiente, castings, funciones y proyectos de distinta escala. Después también llegaron nuevas decisiones, rechazos, clases y búsquedas personales.

Actuar profesionalmente implica entrenar la voz y el cuerpo, desarrollar sensibilidad, comprender personajes, trabajar en equipo y aprender a convivir con períodos de mayor o menor continuidad.

También exige construir un criterio propio para elegir proyectos y reconocer qué experiencias contribuyen verdaderamente al crecimiento.

Para quienes sueñan con dedicarse a la actuación, su recorrido deja una idea clara: el talento puede ser un punto de partida, pero necesita encontrarse con la formación, la práctica y la perseverancia.

En la carrera de Actuación de ISEC, los estudiantes comienzan a desarrollar ese camino mediante el entrenamiento escénico, el trabajo con docentes y compañeros y la participación en experiencias que les permiten conocer el oficio desde adentro. Porque convertirse en actor no consiste solamente en interpretar un personaje: implica aprender a construir una trayectoria profesional y una voz artística propia.

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