Gastón Dartevelle, fotógrafo y director de fotografía publicitaria, docente en la carrera de Fotografía de ISEC, repasa su recorrido profesional, qué diferencia a un profesional de quien solo saca fotos con el celular, y qué habilidades y errores marcan a quienes recién empiezan en la disciplina.
14/08/2026
Gastón Dartevelle es fotógrafo y director de fotografía publicitaria, docente en la carrera de Fotografía de ISEC. En esta entrevista repasa su recorrido profesional, qué diferencia a un fotógrafo profesional de quien solo saca una foto con el celular, y qué habilidades y errores marcan a quienes recién empiezan en la disciplina.
1. Contanos brevemente quién sos y cuál fue tu recorrido profesional como fotógrafo.
Soy Gastón Dartevelle, tercera generación de fotógrafos en mi familia. Mi abuelo fue fotógrafo de la Cámara de Senadores y Diputados de la Nación, y mi papá se dedicó a la fotografía documental, además de tener un laboratorio de revelado y un negocio de venta de equipamiento de Fotografía. Crecí en ese ambiente y, después de recorrer distintos caminos dentro de la profesión, terminé especializándome en fotografía publicitaria.
Mi recorrido profesional comenzó muy joven, haciendo fotografía social entre los 18 y los 20 años. Poco después ingresé al ámbito televisivo, realizando pequeñas producciones publicitarias para canales de cable. Un tiempo más tarde, gracias a un contacto de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, comencé a trabajar en el departamento de ficción de Endemol, donde durante varios años fotografié numerosas producciones unitarias para televisión.
Luego fui fotógrafo de Cris Morena Group, participando en proyectos muy importantes como los álbumes de figuritas de Casi Ángeles, Chiquititas y otras producciones de la compañía. También pasé por Sony Enterteinment Televisión, haciendo giras por latinoamerica. Esas experiencias fueron una etapa muy enriquecedora, aunque con el tiempo sentí la necesidad de desarrollar proyectos propios y orientarme hacia un perfil más independiente.
Desde entonces trabajo de manera freelance, principalmente en fotografía publicitaria. Con el paso de los años incorporé cada vez más el lenguaje audiovisual a mi trabajo y, desde hace aproximadamente una década, mi actividad principal es la dirección de fotografía para producciones publicitarias, combinando la experiencia de la fotografía fija con el mundo del video.
2. ¿Qué fue lo que despertó tu interés por la fotografía y qué es lo que más disfrutás de esta profesión?
Mi interés por la fotografía nació desde muy chico. Crecí viendo a mi papá trabajar con su cámara y, para mí, ese objeto siempre tuvo algo fascinante. Desde los seis años ya le pedía que me la prestara y, de a poco, él mismo me fue enseñando. La fotografía estuvo presente en mi vida desde la infancia y nunca dejó de formar parte de mi día a día.
Durante la adolescencia también trabajé como actor en algunas publicidades, una experiencia que me acercó todavía más al mundo audiovisual. Empecé a conocer desde adentro cómo funcionaban los rodajes, las cámaras, las luces y la construcción de una puesta en escena. Sin darme cuenta, ese ambiente se fue convirtiendo en un espacio muy familiar, donde sentía que quería estar y desarrollarme profesionalmente.
Lo que más disfruto de esta profesión, sin dudas, es el trabajo en equipo.
Lo que más disfruto de esta profesión, sin dudas, es el trabajo en equipo. Tengo la suerte de poder formar los equipos con los que trabajo y eso hace que, además de excelentes profesionales, esté rodeado de personas a las que quiero y con las que comparto una misma forma de trabajar. Cada proyecto representa una oportunidad para expresarme creativamente, pero también para vivir una experiencia humana muy valiosa. Creo que esa combinación entre la creación, el desafío profesional y el disfrute de trabajar con gente que admiro es lo que hace que siga apasionándome esta profesión después de tantos años.
3. ¿Cuáles son tus 3 fotógrafos/as favoritos?
Es una pregunta difícil, porque elegir solamente tres nombres implica dejar afuera a muchísima gente que admiro. Más que pensar en mis fotógrafos favoritos, prefiero hablar de las personas que marcaron distintos momentos de mi recorrido y ayudaron a construir mi manera de mirar.
El primero, sin dudas, es Henri Cartier-Bresson. Cuando estaba estudiando descubrí su obra y sentí que, de alguna manera, me hablaba directamente a mí. Me veía muy reflejado en su forma de observar el mundo y de construir las imágenes. Estudié mucho su proceso creativo, especialmente su manera de componer, y empecé a incorporar esa mirada a mis propias fotografías. Creo que gran parte de las bases de mi visión como fotógrafo nacieron ahí.
El segundo es Marcos López, con quien tuve el privilegio de trabajar como asistente. De él aprendí algo muy difícil de explicar, pero que tiene que ver con ese "perfume publicitario" que tienen sus imágenes: una forma muy particular de usar la luz, el color y la puesta en escena para contar historias. Trabajar a su lado me enseñó a unir dos mundos que hoy siguen siendo fundamentales en mi trabajo: la narrativa y la fotografía publicitaria.
Por último, voy a mencionar a dos directores de fotografía: Miguel Abal y Germán Constantino. Aunque no son fotógrafos en el sentido tradicional, fueron personas muy importantes en mi formación. Tuve la oportunidad de trabajar junto a ambos y aprender de su manera de pensar la luz, el encuadre y la narración audiovisual. En el caso de Germán, además, compartimos muchas conversaciones sobre fotografía, su lenguaje y sus conceptos. Más que un maestro, fue un colega con quien pude debatir ideas y construir una mirada teórica sobre la profesión. Esa experiencia también fue fundamental en mi desarrollo.
4. Si tuvieras que explicar qué hace realmente un fotógrafo profesional, ¿qué dirías?
Creo que, antes de responder esa pregunta, hay que entender que un fotógrafo profesional puede recorrer dos grandes caminos. Por un lado, el desarrollo de una obra autoral, donde construye un lenguaje propio y utiliza la fotografía como un medio de expresión personal. Por el otro, el trabajo por encargo, donde pone sus conocimientos y su creatividad al servicio de la necesidad de un cliente o de una marca.
Más allá de cuál sea el camino elegido, un fotógrafo profesional es alguien capaz de transformar una idea en una imagen. En algunos casos esa idea nace de una búsqueda personal y, en otros, responde a un pedido externo. En ambos escenarios, el desafío es el mismo: interpretar una necesidad, tomar decisiones y construir una imagen que comunique de la mejor manera posible.
Un fotógrafo profesional es alguien capaz de transformar una idea en una imagen.
Si pensamos en el trabajo por encargo, esa tarea se desarrolla a través de un proceso con tres grandes etapas. La primera es la preproducción, donde se analiza el pedido del cliente, se desarrolla una propuesta creativa, se define la estética, se planifican los recursos técnicos y humanos, las locaciones, los tiempos de trabajo y, en función de todo eso, se elabora un presupuesto acorde al proyecto.
La segunda etapa es la producción, es decir, el momento en que toda esa planificación se lleva a la práctica. Es cuando las ideas se convierten en imágenes y el proyecto toma forma.
Por último, está la postproducción, una instancia fundamental en la que el material se termina de construir. A través del revelado digital, la edición, el retoque y, hoy también, herramientas de inteligencia artificial cuando el proyecto lo requiere, se ajustan los últimos detalles técnicos y estéticos para reforzar la narrativa y entregar un resultado que responda a los objetivos planteados desde el inicio.
5. Hoy cualquiera puede sacar una foto con el celular. ¿Qué diferencia a un fotógrafo profesional?
Hoy prácticamente todas las personas tienen una cámara en el bolsillo y eso hizo que fotografiar se volviera algo cotidiano. En ese sentido, cualquiera puede hacer fotografías. Sin embargo, existe una diferencia muy importante entre sacar fotos y ejercer la fotografía como profesión.
Para mí, ser fotógrafo profesional significa comprender por qué una imagen funciona. Es entender la luz, la composición, la narrativa, la técnica y la intención detrás de cada decisión. Ese conocimiento permite construir imágenes que no solo registren una escena, sino que comuniquen una idea, generen un impacto estético y respondan a un objetivo concreto.
Ser fotógrafo profesional significa comprender por qué una imagen funciona.
La gran diferencia está en la consistencia. Una persona puede obtener una excelente fotografía de manera espontánea o intuitiva, pero un fotógrafo profesional sabe cómo llegar a ese resultado de forma consciente y repetible. Cuando aparece un desafío técnico o creativo, cuenta con las herramientas para resolverlo y mantener un nivel de calidad alto en cada proyecto.
En definitiva, la profesión no está definida por la cámara que uno tiene en las manos, sino por la capacidad de transformar una intención en una imagen, resolviendo cada decisión técnica y estética de manera consciente para obtener el resultado que el proyecto necesita.
6. ¿Qué habilidades considerás imprescindibles para desarrollar una carrera en fotografía?
Si tuviera que elegir las habilidades imprescindibles para desarrollar una carrera en fotografía, no empezaría solamente por la técnica. Creo que hay capacidades más profundas que son las que realmente sostienen una trayectoria.
La primera es la resiliencia. La fotografía es una profesión en la que constantemente aparecen desafíos, errores, proyectos que no salen como uno esperaba y situaciones que obligan a aprender y adaptarse. La capacidad de continuar, seguir fotografiando y transformar cada dificultad en una experiencia de aprendizaje es fundamental para sostener una carrera en el tiempo.
La segunda tiene que ver con la mirada. Un fotógrafo necesita construir una interpretación personal del mundo que lo rodea. Esa mirada nace de la observación, de la curiosidad y de la capacidad de encontrar algo propio en aquello que todos vemos. Antes de aprender a manejar una cámara, hay que aprender a mirar.
Y hay una tercera habilidad que quizás no es la más políticamente correcta, pero que considero muy importante: la obsesión. No hablo de una obsesión negativa, sino de una entrega profunda hacia la imagen y hacia la búsqueda incansable de una mejor fotografía. Creo que, en muchas personas que alcanzaron un alto nivel profesional o artístico, aparece esa capacidad de llevar la disciplina a un lugar donde deja de ser solamente un trabajo y pasa a formar parte esencial de su identidad.
La obsesión está incluso por encima de la motivación y de la inspiración, porque ambas pueden aparecer y desaparecer. En cambio, cuando la fotografía se convierte en una necesidad interna, cuando uno siente que no puede pensar ni expresarse sin la imagen, es cuando empiezan a suceder cosas realmente importantes.
La obsesión está incluso por encima de la motivación y de la inspiración, porque ambas pueden aparecer y desaparecer.
La técnica, por supuesto, es necesaria y se puede aprender. Pero la perseverancia, la construcción de una mirada propia y esa profunda conexión con la imagen son las habilidades que permiten desarrollar una carrera con identidad y trascendencia: no alcanza con aprender herramientas, hay que construir una relación con la disciplina.
7. ¿Qué errores ves con frecuencia en quienes recién empiezan?
Creo que hay un solo error verdaderamente importante que cometen quienes recién empiezan en fotografía: no utilizar los errores como maestros.
Puede sonar paradójico, porque uno podría pensar que en fotografía existen muchos errores técnicos, decisiones equivocadas o imágenes que no salen como uno esperaba. Pero, en realidad, todos esos errores forman parte del proceso de aprendizaje. Una mala fotografía puede enseñarnos muchísimo si tenemos la capacidad de analizar qué pasó y qué podemos mejorar.
Para mí, el único error real en fotografía es abandonar. Es darse por vencido, pensar que uno nunca va a poder hacer buenas imágenes o creer que la mirada propia no tiene valor. Todo lo demás se puede aprender, corregir y perfeccionar con práctica, estudio y experiencia.
La fotografía es un camino de construcción permanente. Cada imagen que no funciona como esperábamos también forma parte de nuestra formación, porque nos acerca a comprender mejor cómo mirar, cómo decidir y cómo comunicar a través de una imagen.
La fotografía es un camino de construcción permanente.
8. ¿Qué áreas de la fotografía ofrecen hoy mayores oportunidades laborales?
Hoy, las mayores oportunidades laborales dentro de la fotografía están muy vinculadas con la generación de contenido para redes sociales. La forma en que las marcas, empresas y profesionales comunican actualmente hizo que la imagen fotográfica se vuelva una herramienta fundamental dentro de ese ecosistema.
Por eso, desde la carrera de Fotografía en ISEC orientamos gran parte de nuestros contenidos hacia este objetivo. Nuestra formación tiene dos grandes pilares: por un lado, la fotografía autoral o artística, entendida como una disciplina de expresión personal y construcción de una mirada propia; y por otro lado, la fotografía publicitaria, vinculada a la comunicación de marcas y productos.
Dentro de este segundo eje, una parte muy importante de los contenidos está enfocada en la producción de imágenes y contenidos audiovisuales para redes sociales, que hoy representan una de las principales ventanas laborales para un fotógrafo profesional.
El perfil que buscamos formar no está orientado principalmente hacia el fotoperiodismo o la fotografía social, sino hacia un campo donde actualmente existe una gran demanda: la creación de contenido visual para marcas, proyectos y plataformas digitales. Esto implica que el fotógrafo actual no solo debe dominar la técnica fotográfica, sino también comprender cómo construir imágenes que comuniquen dentro de los nuevos formatos y lenguajes que propone el mundo digital.
9. ¿Qué diferencia encontrás entre un buen fotógrafo y uno excelente?
Antes que nada, creo que es difícil establecer una diferencia absoluta entre un buen fotógrafo y uno excelente, porque la fotografía no es una disciplina donde exista una única medida de calidad. Un fotógrafo puede ser extraordinario en un área determinada y no necesariamente destacarse de la misma manera en otra. Cada proyecto tiene necesidades particulares y, muchas veces, el fotógrafo ideal es aquel que posee la mirada, la sensibilidad y las herramientas adecuadas para resolver específicamente ese desafío concreto.
Dicho esto, si tuviera que pensar qué características aparecen en los fotógrafos que alcanzan un nivel de excelencia dentro de su campo, diría que hay algo que va más allá de la técnica. Un fotógrafo excelente no solamente domina las herramientas, sino que tiene una mirada propia, una capacidad de interpretar y una profunda comprensión de lo que quiere comunicar.
La diferencia suele estar en la forma de pensar la imagen. Un buen fotógrafo puede resolver correctamente una fotografía; un fotógrafo excelente logra que esa imagen tenga una identidad, una intención y una profundidad que trascienden la ejecución técnica.
También creo que la excelencia está vinculada con la capacidad de evolución permanente. Los grandes fotógrafos nunca dejan de observar, aprender y cuestionarse. Mantienen una curiosidad activa y una relación profunda con la imagen, porque entienden que la fotografía no es solamente un conjunto de recursos técnicos, sino una manera de interpretar el mundo.
Por eso, más que hablar de una escala entre buenos y malos fotógrafos, prefiero hablar de fotógrafos que construyen una mirada propia y encuentran el campo donde esa mirada puede expresarse en su máxima potencia.
10. ¿Cuál fue el proyecto o la cobertura fotográfica que más te marcó y por qué?
Sin dudas, hay un proyecto que ocupa un lugar único en mi recorrido profesional: #15, una serie de ficción en la que participé como fotógrafo fijo dentro de Endemol, en una etapa avanzada de mi carrera universitaria.
El proyecto consistía en quince historias unitarias producidas para televisión abierta, donde cada capítulo era realizado por un director de cine diferente, acompañado por un director de fotografía distinto. Esto generaba que cada episodio tuviera una identidad narrativa y visual propia, con diferentes maneras de entender la puesta en escena, la luz y el lenguaje cinematográfico.
Para mí fue una experiencia extraordinaria porque tuve la posibilidad de estar en contacto con quince miradas diferentes, quince formas de contar historias y quince maneras distintas de abordar la fotografía. Fue una verdadera escuela práctica, donde pude observar cómo grandes profesionales interpretaban un mismo medio desde perspectivas completamente diferentes.
Además, durante ese proyecto tuve la oportunidad de conocer y trabajar cerca de algunos de los directores de fotografía más importantes de Argentina, lo que enriqueció enormemente mi formación.
Por eso fue el proyecto más significativo de mi carrera: no solamente por la complejidad y la calidad del trabajo realizado, sino porque fue una experiencia que amplió mi mirada como fotógrafo y me permitió entender que la riqueza de la imagen nace justamente de la diversidad de formas de interpretarla.
11. ¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en estudiar Fotografía Profesional?
A alguien que está pensando en estudiar Fotografía Profesional le diría, en primer lugar, que se saque de la cabeza la idea de que la fotografía es un acto individual o solitario. La fotografía, aunque muchas veces tenga como protagonista a una sola persona detrás de la cámara, es siempre un acto colectivo. Siempre involucra a otros, interpreta a otros y se construye a partir de vínculos, historias y contextos.
Es fundamental encontrar herramientas con las que nos sintamos cómodos, que nos generen una conexión y hasta un placer estético
También le diría que es muy importante construir una relación profunda con las herramientas de trabajo. La cámara, los lentes, la computadora y todos los elementos que forman parte de nuestro universo profesional no son solamente objetos técnicos: son extensiones de nuestra manera de expresarnos. Es fundamental encontrar herramientas con las que nos sintamos cómodos, que nos generen una conexión y hasta un placer estético, porque esa relación condiciona para bien o para mal, el proceso creativo.
Otro aspecto fundamental es entender que los fotógrafos somos generadores de cultura visual. Por eso, para construir buenas imágenes, es necesario enriquecer permanentemente nuestra cultura visual y nuestra cultura general. Un fotógrafo necesita observar, leer, conocer, experimentar, nutrirse de los grandes maestros y del mundo que lo rodea, porque todo ese universo finalmente aparece reflejado en sus imágenes.
Por último, le diría que tiene que darse la oportunidad de una entrega absoluta hacia la disciplina. Pensar en imágenes, vivir rodeado de imágenes, permitir que la fotografía forme parte de nuestra identidad. Cuando uno se entrega realmente a un Arte, cuando se convierte en una parte esencial de quién somos, es cuando empiezan a aparecer los grandes procesos de crecimiento.
Hay que animarse a tirarse a la pileta, comprometerse profundamente con el camino y entender que los errores no son fracasos, sino parte fundamental de nuestra formación. Todo intento, toda equivocación y toda búsqueda construyen al fotógrafo que vamos a ser.
12. ¿Cómo imaginás que evolucionará esta profesión en los próximos cinco años?
La verdad es que no sé qué va a pasar el año que viene, en dos años o en cinco años, y creo que, en algún punto, esa incertidumbre no es importante. Lo que permanece y es inherente a la fotografía es la mirada humana.
Independientemente de los avances tecnológicos, de las nuevas herramientas o de los cambios que atraviese la profesión, siempre va a existir algo que está por encima de todo: la capacidad humana de imaginar, interpretar y crear.
Hoy estamos atravesando un momento de enorme transformación con la inteligencia artificial y estamos incorporando muchas de sus herramientas. Pero creo que, como sociedad, estamos empezando a comprender que la inteligencia artificial es justamente eso: una herramienta. Puede ampliar nuestras posibilidades, acelerar procesos y abrir nuevos caminos creativos, pero queremos que reemplace la esencia de la creación.
Esto se puede observar incluso en el comportamiento de los usuarios en las redes sociales, donde muchas veces los contenidos generados completamente con inteligencia artificial generan rechazo cuando pierden esa conexión humana que hace que una imagen tenga significado.
Todo proceso de revolución tecnológica, después de un primer momento de fascinación y sorpresa, encuentra finalmente un equilibrio. La tecnología se incorpora, se vuelve parte del lenguaje, pero el centro vuelve a estar donde siempre estuvo: en la imaginación, la creatividad y la mirada de quien crea la imagen.
13. Para terminar, completá esta frase: "Una buena fotografía tiene la capacidad de…"
Una buena fotografía tiene la capacidad de detener el tiempo y revelar algo que antes no éramos capaces de ver.
Porque una imagen no solamente registra un instante: lo transforma en memoria, en emoción y en significado. La fotografía tiene esa capacidad única de tomar un fragmento de la realidad y convertirlo en una experiencia que puede trascender el momento en que fue creada.