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Locución

Diego Ripoll: la radio cambia de formato, pero conserva su capacidad de acompañar

El locutor y conductor Diego Ripoll visitó ISEC y reflexionó sobre cómo la radio se transformó en podcast, streaming y contenido on demand sin perder su capacidad de acompañar a la audiencia. También recordó su experiencia junto a Fernando Peña y compartió qué herramientas necesita hoy un comunicador profesional.

10/08/2026

Diego Ripoll durante su visita a ISEC

La radio ya no depende exclusivamente de una frecuencia, un estudio o una transmisión en vivo. Hoy también puede convertirse en podcast, video, streaming, serie documental o contenido bajo demanda. Durante una visita a ISEC, el locutor y conductor Diego Ripoll reflexionó sobre estas transformaciones, recordó su experiencia junto a Fernando Peña y compartió qué herramientas necesitan quienes quieren dedicarse profesionalmente a la comunicación.

A lo largo de su carrera, Diego Ripoll trabajó en radio, televisión y proyectos audiovisuales. También participó en producciones vinculadas con el humor, la investigación periodística, la música y el fútbol.

Esa diversidad de experiencias le permite observar los cambios de los medios sin aferrarse a una única tecnología o formato. Para él, la radio no está definida por una antena, una frecuencia AM o FM ni por la obligación de transmitir en vivo.

La radio son personas comunicando. No importa si es en vivo o con qué tipo de tecnología.

Desde esa perspectiva, los nuevos formatos no representan necesariamente una amenaza para la radio tradicional. Son otras maneras de continuar haciendo algo que existe desde mucho antes: contar historias, generar conversación y acompañar a una audiencia.

¿El podcast reemplaza a la radio?

Una de las preguntas que atraviesa actualmente al mundo de los medios es si el crecimiento del podcast implica la desaparición o el reemplazo de la radio.

Diego Ripoll no lo interpreta de esa manera.

Para él, el podcast es una prolongación de la experiencia radiofónica. La diferencia principal se encuentra en el modo de consumo: cada persona puede elegir un tema, seleccionar un episodio y escucharlo cuando dispone del tiempo necesario.

Para mí, el podcast es una radio on demand.

Esa flexibilidad permite integrar el audio a distintas situaciones cotidianas. Se puede escuchar un episodio durante un viaje, mientras se camina, se anda en bicicleta o se realiza otra actividad.

El contenido ya no queda atado al horario de emisión. Sin embargo, conserva varios elementos centrales de la radio: la voz, la conversación, el relato, la entrevista y la construcción de una relación con quien escucha.

El contenido importa más que la tecnología

Las plataformas y los dispositivos cambian constantemente. Lo que permanece es la necesidad de tener algo significativo para comunicar.

Un micrófono profesional, una cámara o un estudio pueden mejorar la calidad técnica, pero no reemplazan una idea, una historia o una mirada propia.

La definición amplia de radio que propone Ripoll permite entender que la profesión del locutor tampoco debería quedar limitada a leer textos o presentar canciones.

Hoy un comunicador puede conducir un programa, producir un podcast, participar en un streaming, narrar un documental, realizar entrevistas o desarrollar contenidos para redes.

La voz sigue siendo una herramienta central, pero debe estar acompañada por conocimientos culturales, criterio editorial y capacidad para adaptarse a distintos lenguajes.

Diego Ripoll durante la entrevista en ISEC

La radio como proyecto multiplataforma

La incorporación de cámaras a los estudios modificó la manera de producir y consumir radio.

Muchos programas ya no se escuchan únicamente en vivo. También se transmiten en video, se recortan en fragmentos para redes y se publican posteriormente en plataformas digitales.

Ripoll valora esta expansión porque siempre tuvo un acercamiento audiovisual a la comunicación. Durante gran parte de su carrera trabajó con el humor y, más adelante, comenzó a participar en series y proyectos documentales.

Me encanta que se vaya abriendo a otras maneras de comunicar.

Sin embargo, la incorporación de nuevas tareas también presenta desafíos laborales. Un programa audiovisual puede exigir que una misma persona conduzca, actúe frente a cámara, produzca contenidos y participe en piezas destinadas a redes.

Esa ampliación de responsabilidades debe ser reconocida profesionalmente. La convergencia de formatos no debería convertirse simplemente en una acumulación de tareas sin recursos, planificación ni condiciones adecuadas.

Investigar para contar lo extraordinario

Entre los proyectos mencionados durante la entrevista aparece una serie dedicada a los misterios del fútbol.

La propuesta combina investigación periodística, humor y una puesta en escena con algunos elementos ficcionales. Los episodios abordan temas como supersticiones, cábalas, supuestos maleficios, avistamientos de objetos extraños y estadios relacionados con antiguos cementerios.

Ripoll explicó que siempre sintió curiosidad por aquello que no puede explicarse completamente.

Siempre me interesó el mundo intangible, eso que llamamos misterios.

Ese interés personal se convirtió en un punto de partida para investigar historias reales y documentadas. El tono puede ser divertido o misterioso, pero detrás de cada episodio existe un trabajo periodístico.

Esta combinación demuestra que una investigación rigurosa no tiene por qué presentarse siempre de manera solemne. Un tema puede ser abordado con humor, creatividad y recursos narrativos sin abandonar la verificación de los datos.

El fútbol como territorio de historias y creencias

El fútbol está atravesado por rituales, mitos y supersticiones.

Jugadores, entrenadores e hinchas repiten gestos, evitan determinadas acciones o sostienen creencias asociadas con la suerte. También existen relatos sobre objetos enterrados detrás de los arcos, ceremonias para terminar con malas rachas y supuestos maleficios vinculados con clubes o estadios.

Estas historias permiten observar al deporte desde una perspectiva diferente.

En lugar de limitarse al resultado de un partido, el comunicador puede investigar los elementos culturales, sociales y simbólicos que rodean a una actividad.

El fútbol puede analizarse desde la táctica y la competencia, pero también desde la historia, la política, la psicología, la religión popular y las costumbres de sus comunidades.

Encontrar esos cruces temáticos es una forma de construir contenidos originales dentro de un campo sobre el que ya se comunica de manera permanente.

Diego Ripoll conversando con estudiantes de ISEC

Trabajar con Fernando Peña: una experiencia transformadora

Uno de los momentos más significativos de la carrera de Diego Ripoll fue su trabajo junto a Fernando Peña.

Aunque compartió con él solamente algunos años, describe aquella etapa como una experiencia transformadora tanto en lo profesional como en lo personal.

Peña no solo se destacaba por sus personajes o por su manera de hacer radio. También impulsaba a quienes lo rodeaban a cuestionar qué tipo de carrera querían construir.

Nos preguntamos si queríamos trabajar solamente por un sueldo haciendo lo que nos decían o animarnos a hacer lo que verdaderamente queríamos.

Para Ripoll, una de las enseñanzas más importantes de Fernando Peña fue la defensa de la libertad individual y de la vocación.

Me enseñó a intentar ser mi mejor versión.

Ese aprendizaje no implica ignorar las responsabilidades laborales o económicas. Consiste en no perder de vista la identidad, los intereses y la voz propia mientras se construye una trayectoria profesional.

La radio durante la pandemia

La pandemia obligó a transformar de manera abrupta las formas de producir contenidos.

Muchos conductores, operadores y productores comenzaron a trabajar desde sus casas, utilizando sus propios equipos y conexiones a internet para sostener las emisiones.

Para Ripoll, aquella etapa tuvo dos dimensiones muy diferentes.

Por un lado, atravesó una experiencia laboral e institucional negativa, marcada por la falta de contención y por decisiones económicas que terminaron influyendo en su salida de la radio en la que trabajaba.

Por otro, la posibilidad de continuar comunicando se convirtió en una forma de procesar lo que estaba sucediendo.

Me salvó estar comunicando lo que me pasaba durante la pandemia.

El programa funcionó como un espacio de catarsis, intercambio y acompañamiento. Conductores y oyentes compartían preocupaciones, angustias e incertidumbres que afectaban a toda la sociedad.

Cuando la audiencia deja de ser una abstracción

En condiciones normales, la audiencia puede sentirse distante.

Quienes hacen radio lanzan una pregunta, reciben algunos mensajes y muchas veces desconocen quién está del otro lado o en qué contexto escucha.

Durante la pandemia, esa distancia se redujo.

Los oyentes comenzaron a compartir experiencias personales de una manera más profunda. La conversación dejó de girar únicamente alrededor de temas de actualidad o entretenimiento y pasó a incluir miedos, soledad e incertidumbre.

Fue el año en el que la audiencia estuvo más conectada con toda su sensibilidad.

Ese vínculo reforzó una de las funciones históricas de la radio: acompañar.

Muchas personas escuchan mientras trabajan, viajan o están solas en sus casas. La voz de un conductor puede formar parte de su rutina cotidiana, incluso cuando no existe una interacción directa.

La radio es compañía para un montón de gente.

Durante aquel período, según Ripoll, ese acompañamiento fue mutuo. Los comunicadores acompañaron a los oyentes, pero también encontraron en ellos una comunidad con la cual atravesar la crisis.

El acceso a los medios se volvió más horizontal

Cuando Diego Ripoll comenzó a estudiar y trabajar, producir un programa requería acceder a una radio, conseguir un horario y, en algunos casos, pagar por el espacio.

Actualmente, una persona puede grabar desde su casa, reunirse con amigos, desarrollar una propuesta y publicarla sin depender inicialmente de una emisora tradicional.

Lo mismo ocurre con la producción audiovisual. Las cámaras digitales, las tarjetas de memoria, los teléfonos y los programas de edición redujeron parte de las barreras técnicas y económicas.

Ahora podés hacer tu programa desde tu casa. El acceso para difundir contenidos es mucho más simple.

Esta transformación amplía las posibilidades de experimentar y construir experiencia. Un estudiante ya no tiene que esperar a ser contratado para comenzar a comunicar.

Puede producir entrevistas, columnas, podcasts o transmisiones y utilizarlos como espacio de práctica y como portfolio.

Sin embargo, la facilidad para publicar también aumenta la competencia. Que todos puedan crear contenidos no significa que todos consigan captar y sostener la atención de una audiencia.

Lo que no se aprende solamente en una institución

Frente a la pregunta sobre qué consejo darles a las nuevas generaciones, Ripoll destacó la importancia de complementar la formación profesional con una búsqueda cultural permanente.

Hay que cultivar todo lo que no te enseñan en las instituciones.

La frase no desvaloriza la educación formal. Señala que ninguna carrera puede abarcar todos los libros, películas, canciones, debates y conocimientos que un comunicador necesitará durante su vida profesional.

La institución puede ofrecer técnicas, herramientas, espacios de práctica y orientación. Pero cada estudiante debe asumir también la responsabilidad de ampliar su universo cultural.

Eso implica leer, mirar cine, escuchar música, seguir la actualidad y acercarse a otras disciplinas.

Para comunicar mejor hay que conocer más

Una voz técnicamente entrenada puede sonar clara y agradable. Sin embargo, si no tiene ideas, referencias o preguntas interesantes, difícilmente logre construir un contenido valioso.

La cultura funciona como una caja de herramientas.

Leer literatura puede enriquecer una narración. Conocer historia ayuda a contextualizar una noticia. La sociología permite comprender comportamientos colectivos. La ciencia política aporta herramientas para analizar instituciones y conflictos.

La música y el cine amplían las referencias estéticas y narrativas.

Por eso, la formación de un comunicador no termina cuando finaliza una carrera. Se extiende durante toda la vida profesional.

Encontrar un nicho y una pasión

Otro de los consejos de Ripoll es buscar un área de interés particular.

Buscá una especialidad, buscá tu nicho, aquello que te apasiona para comunicar.

La especialización no significa quedar encerrado en un único tema. Significa desarrollar conocimientos suficientes para aportar una perspectiva que no sea superficial.

En su caso, con los años fue encontrando dos grandes territorios: el fútbol y la música.

Ambos le permiten combinar información, investigación, cultura y entretenimiento. También le ofrecen la posibilidad de hablar desde un interés genuino.

La pasión no reemplaza la preparación, pero puede hacer que el contenido tenga una energía diferente. Quien disfruta lo que comunica suele investigar más, formular mejores preguntas y encontrar historias que otros pasan por alto.

¿Qué hace que un contenido sea atractivo?

Cuando le preguntaron qué le gusta escuchar en radio, Ripoll destacó a las personas apasionadas y a quienes disfrutan verdaderamente lo que hacen.

También valoró las conversaciones que se alejan de la estructura rígida de un interrogatorio.

Me gusta más una charla que un reportaje.

Una buena entrevista no consiste solamente en leer una lista de preguntas. Requiere escuchar, detectar una respuesta interesante y animarse a modificar el recorrido previsto.

El objetivo es generar un momento que despierte la atención del oyente.

Que te haga parar la oreja y no puedas bajar del auto o desconectarte de la radio.

Esa definición también puede aplicarse al podcast, el streaming y cualquier otro formato. El contenido necesita ofrecer una razón para que la persona continúe escuchando.

Puede ser una historia, una pregunta inesperada, una emoción o una mirada original. La tecnología facilita la distribución, pero la atención se conquista a través de lo que se cuenta y de cómo se lo cuenta.

La voz profesional necesita una mirada propia

La experiencia de Diego Ripoll muestra que la locución contemporánea no puede reducirse a una técnica vocal.

El entrenamiento de la voz sigue siendo fundamental, pero se integra con investigación, cultura general, improvisación, producción y manejo de distintos lenguajes.

Un locutor puede trabajar en radio, televisión, podcast, publicidad, narración, contenidos digitales o proyectos documentales. Para aprovechar esas oportunidades necesita adaptarse sin perder su identidad.

La transformación de los medios no elimina el oficio. Lo obliga a expandirse.

En la carrera de Locución de ISEC, los estudiantes trabajan sobre su voz, su capacidad expresiva y su desempeño frente al micrófono y la cámara. También comienzan a desarrollar los conocimientos y criterios necesarios para construir contenidos propios.

Porque, aunque cambien las plataformas, las audiencias siguen buscando lo mismo: personas capaces de contar historias, transmitir una emoción y hacerlas sentir acompañadas.

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